Para atrapar el instante antes de que se disuelva en la rutina. Mis apuntes no buscan exactitud, buscan presencia.
Cada línea es una conversación con la ciudad, cada sombra, una emoción que pasó por mí. Viajo con los ojos abiertos y el lápiz alerta, como quien colecciona gestos, no monumentos.
La arquitectura la observa y me observa, me ofrece sus grietas, sus ritmos, sus silencios. La calle me presta su ruido y su silencio, su urgencia, su humanidad. Y yo, desde un banco, un bordillo o una mesa de café, la devuelvo en papel.
Estos cuadernos son un mapa íntimo, una cartografía de viaje, de lo que me tocó vivir. La técnica al servicio de la experiencia, hay testimonio. No hay perfección, sino la soltura de un trazo en la memoria.